El
pasado 28 de Octubre se repetía lo que en 21 de Enero, daban en el Wah-Wah pero en Peter Rock Club el mayor tributo a Jim
Morrison que hayan podido ver los ojos nunca. Si bien ya habían
actuado por primera vez en Valencia en la noche de reyes, éste
tributo no dejó indiferente y más de uno repetiría. Entre ellos el
teclista -que dio la nota- tenía cierto aire a Ray Manzarek por sus gafas,
mentón y peluca, y -por supuesto- el cantante al inigualable rey
lagarto quien se meneaba en el escenario igual, utilizando no solo un
mismo tono o timbre de voz sino un espectáculo digno de cualquier
inmortal que estuviera allí presente. No falta añadir que los
músicos estuvieron excepcionales, mostrando complicidad el batería
con sus miradas, y qué cabe decir de los solos salvo que fueron
idénticos a los álbumes, haciendo entender la calidad y nivel
musical que hay en la localidad, como se dice por aquí, de
categoría. Equiparable al musical The king of the Pop o comparable
al tributo de Nirvana cordovés The Buzz Lovers pero con un
repertorio, si bien no más extenso, más acertado.
Ejecución de
sobremanera. Repertorio increíble que acaba con The End, quien un servidor recuerda mejor
como el nombre de una canción del Abbey Road donde Ringo toca su
primer y único solo.
El
tributo de The Doors culmina con una actuación brillante y estelar
que parecía por los juegos de luces en azul y rojo en 3D que hasta
se podía tocar, para las cámaras. Hubieron grabaciones e imágenes,
pero sin duda para quien estuviera allí coreando himnos y gritando
al compás de los sorbos de Whiskey o Ron del cantante entre canción
y canción, ya que no se permitía el lujo de enfriarse ni de parar
de bailar y animar hasta un bajista parecido por su bigote y estilo
setentero a Frank Zappa, o, según entendidos, al de Black Sabbath,
terminó el concierto tras un amago de parar en el típico descanso
para ser aplaudidos y animados a seguir tocando aunque terminase
muerto en el suelo como Jim, o eso dirán las malas lenguas.
